Bogotá
8 septiembre 2026
Mi ciudad natal es una ciudad fría. La gente se despierta en la madrugada, cuando aún no ha salido el sol del todo. El frío les cala en los huesos de la cama a la ducha y de la ducha a la habitación. La mayoría de la gente entra a trabajar demasiado pronto y gana demasiado poco.
En la calle, las personas “de a pie” están desaliñadas. Llevan vaqueros con zapatillas de deporte sin marca que han comprado en algún local de San Victorino. Con buzo de cremallera y camiseta. Chaqueta si hace mucho frio.
Es una ciudad violenta, abusiva, frustrante… de burocracia ineficiente y agotadora para el pobre que no tiene tiempo para eso. En la que te bajan a pistola del coche y te lo roban un martes, y tus ahorros se han ido a la mierda en dos segundos, y estás tirado en la calle, y sientes el miedo en el cuerpo, la impotencia, el dolor de Sudamérica. Aquí roba el Estado, roban las empresas y roba el ladrón. Y el ciudadano se jode. No hay de otra.
En las calles hay “loquitos”. Así los llaman. Son personas que meten bazuco y piden dinero en la calle, o buscan en la basura. A veces se ponen violentos, a veces gritan, a veces lloran… Algunos te limpian el parabrisas del coche sin pedir permiso a cambio de una moneda, si abres la ventana te pueden robar a cuchillo, si no la abres te rayan el coche.
En el bus también suben a robar, a punta de cuchillo o pistola van atracando uno a uno a los que van dentro y se lo llevan todo. Se lo llevan todo. La vida de las personas a veces también.
Las calles están agrietadas, rotas. Como si la montaña que había debajo se estuviera quejando del cemento.
Yo aquí escribo de mis vacaciones hedonistas de lectura y fiesta, pero Sara no es eso solamente.
Para empezar yo me llamo Sara Elena. Nací en el Simón Bolivar porque mi mamá me quiso parir en un hospital público. Crecí mirando desde la ventana del carro a niños pidiendo plata y a veces lloraba por ellos. Uno de mis recuerdos más tempranos es un niño pidiendo fruta del plato que yo me estaba comiendo en un restaurante. Lo sacaron a empujones y escupió en el cristal. Un niño. Un niño que iba por las calles solo. Un niño al que nadie le daba fruta. Con la cara sucia, drogado probablemente, sin un abrazo de su mamá.