← Volver

Dios también está en las chicharras

18 junio 2026

Llevaba lidiando con una situación difícil bastante tiempo, ese tipo de situaciones que te convierten en otra persona, lo típico que te dicen de que te pierdes a ti misma y no sabes lo que significa hasta que lo vives. Estamos hablando de algo gradual, y que tardó más de un año en llegar a su punto máximo. Por alguna razón, siempre que pasan este tipo de cosas tienes un motivo de peso (o que tú piensas que es de peso) para continuar en esa situación, y si yo os contara mis motivos de peso, seguramente saldríais corriendo como hizo ******* cuando le conté cómo empecé a creer en Dios. El punto es que había algo en mi cabeza que me impedía lo que yo entendía como “rendirme”, que en realidad no era otra cosa que aceptar lo que había. Yo no podía cambiar el pasado, ni las decisiones ajenas, ni la forma de otras personas de ver el mundo y de actuar, ni mis sentimientos, y definitivamente no podía luchar con la angustia que sentía en el pecho. Pero lo intenté, lo intenté una y otra vez, cada vez enfrentándome a algo peor, incluso a lo que yo consideraba lo peor. Cuánto más lo intentaba, a nivel inconsciente supongo, más respeto perdía por mí misma, porque a demás de no tener ningún tipo de control por la ansiedad y lo mucho que eso afecta a tu autoestima, sentía en el fondo que una relación sana ya no era recompensa suficiente para todo lo que había sufrido a causa de otra persona, y lo mucho que continuaba sufriendo. Y en el fondo ya lo había perdonado, pero no me perdonaba a mí misma no tener la fuerza para decir que no. Que no aceptaba la persona que era cuando estaba con él. Que ahora que ya todo estaba supuestamente bien yo seguía sintiendo que había perdido. Que no quería pasarme la vida guardándome las espaldas hasta darme cuenta de que había cometido un gran error, que él ya me había enseñado quién era y yo no quería verlo. Había una guerra en mi cabeza de todo lo que había visto y vivido con lo que él me decía. Y un día simplemente me vi desde fuera y vi el puto desastre de persona en la que me había convertido. Llevaba dos años en una lucha conmigo misma que no tenía ningún tipo de sentido, simplemente por no aceptar que por mucho que tú puedas querer a una persona, si esa persona no te da seguridad y paz, se acabó, no va a poder ser. No sabéis lo irónico que es que doña manuales de psicología supiera perfectamente que tenía todos los síntomas de una persona a la que ** ****** **** ******, y que por mucho que estuviera en duda que eso realmente hubiera pasado o no, mi cerebro y mi cuerpo ya habían pasado un punto de no retorno. Estuve medio año asimilando que la persona a la que yo amaba con todo mi corazón ** ***** ******** de la manera más cruel y estúpida. Y sinceramente, lo que supuestamente pasó (que era, por supuesto, otra mentira) creo que es incluso peor. En el fondo yo sabía que son cosas que no se pueden perdonar por mucho que quisiera (bueno, en realidad todo se puede perdonar, pero no todo se puede sanar), que para que eso fuera posible la otra persona tendría que comerse todas las secuelas y ser perfecto durante mucho tiempo, y eso no vale la pena, a demás que él no estaba dispuesto a hacerlo (la única que estaba dispuesta a auto destruirse, cosa q está mal, era yo). No tiene ningún sentido para ninguna de las dos partes. Tampoco tiene sentido que a parte de lidiar con todo lo q me pasó tuviera que lidiar con la culpabilidad que sentía por mi forma de actuar, por mucho que crea en el fondo que no era ni una décima parte de lo que me hizo y de cómo fue conmigo, igualmente no tenía la obligación de soportarlo y yo me iba a sentir mal después. Y ahí estaba yo, sabiendo exactamente lo que estaba pasando y completamente bloqueada, sin poder gestionarlo y colapsando continuamente de diferentes formas. Hasta que llegó ese día. Y pasó una cosa muy rara pero completamente esperable, porque si a alguien le tenía q pasar algo tan absurdo y desagradable era a mí. Fue como un balde de agua fría en toda la cara. ¿Qué coño estoy haciendo? ¿Qué coño me pasa? ¿En qué momento he decidido meterme en la misión de dar y obtener amor de una persona a la que tengo profundo miedo? Esté fundado o no ese miedo, que yo creo que está bastante fundado, da lo mismo. ¿En serio estoy dispuesta a pasarme la vida jugando a ser Sherlock Holmes y con el corazón encogido siempre? Era un bucle que no parecía que fuera a parar nunca. Pero paró. Tenía que pasar la vergüenza de mi vida para abrir los putos ojos y parar ese circo de una vez. De todas las cosas raras que podré haber hecho en mi vida, justamente eso no estaba entre ellas, igual que cuando me dijo que ***** ********* ****** * ** ****** ** *********. Wtf. Que estoy traumatizada, no soy una enferma mental. Aunque a veces el límite parezca muy fino, son dos cosas diferentes. Da igual, el punto es que seguramente para él fue una putada, pero para mí… chicos, para mí, por raro que pueda sonar, fue una bendición. Fue mi verdadero punto de no retorno.

Al día siguiente, o a los dos días, tenía cita en IMED, y cuando salí me fui a la iglesia que hay en frente. Yo no soy católica pero tengo buena relación con Dios, me cuida mucho a base de patadas en el estómago cuando voy por mal camino, como acostumbra a hacer. Bueno, pues le pedí que ** ******* * ***** *** ***** y que ** *******. Y ese mismo día me despedí. Nunca había estado tan segura de nada. Pedí perdón, me despedí y luego me fui a dar un paseo con mi perro, y en el paseo **** *** ********* ****** ******* * **** ********* ***** ** * ** **** ** ** ***** (*********** ** *** *****, * ** **, ** ***** ** *******), * ** ***** *** **** ** *******, ***** *** ** **** ** ** ***** y me fui. A lo mejor a vosotros os ha pasado eso alguna vez y es normal (lo más probable), yo decidí tomarlo como una señal. Sentí que había tomado la decisión correcta y que todo iba a estar bien. Ahora sí que os permito llamarme loca, pero soy este tipo de loca, no el otro tipo de loca.

Así que soy yo otra vez, y esta vez definitivamente. Vuelvo a poder respirar, vuelvo a tener ideas, a trabajar en mis proyectos, y a estudiar cosas que no tienen nada que ver con mi carrera. Ya no me va la cabeza a mil por hora, y no me paso el día cuestionándome todas mis decisiones pasadas y presentes, y mucho menos las de otra persona, incluso estoy pintando un fucking cuadro. Soy muy guay, honestamente. Se me estaba olvidando otra vez. Bueno, en realidad, estaba dejando de serlo, suele pasar cuando no te escuchas y eres negligente contigo misma. Creo que como sociedad deberíamos replantearnos la idea de que el amor es sacrificio. Realmente no lo es. No tenéis que sacrificar vuestros valores, ni vuestros límites, ni vuestra paz. Es duro de escuchar, pero a veces es más digno simplemente dejar que se apague.

Y voy a dejarlo aquí, porque creo que ha sido bastante. Podría escirbir eternamente sobre esto y todo lo que he aprendido pero seguramente esta sea la última vez. Os quiero, cuidaros mucho, y tomad la decisión difícil, siempre acaba valiendo la pena.