No
25 abril 2026
Creo que estoy enamorada de nuevo. Joder. Ya me lo habíais dicho todos. Otra vez lo he dejado entrar. No le escribiré un poema, no os preocupéis, mantendré a raya mis sentimientos por mí y por vosotros, para que no tengáis que volver a aguantarme en un estado tan deplorable.
Te odio *****. No me gusta tu sonrisa, ni tus ojos, ni cuando me das besos por toda la cara. Ni cuando me hablas de nuestra hipotética boda, o nuestros hipotéticos hijos, o nuestra hipotética casa.
Tu casa va a estar llena de legos y de libros, la mía va a estar llena de objetos que haya recolectado por el mundo y de libros.
No va a ser la misma casa.
No vamos a ver pelis en la cama, ni a tener un perro que se llame Mariscal.
No habrá zazza escondida dentro de un cajón con llave para que los hipotéticos hijos que nunca tendremos no la encuentren.
Perdiste tu puta oportunidad, joder. Me hiciste daño. Si hubieras podido ver en qué estado me encontraba después de todo no estarías aquí.
No tengo miedo. No tengo miedo. No estoy aterrorizada de mi futuro. No estoy aterrorizada de ti. No estoy aterrorizada de todos los hombres. No estoy aterrorizada de todas las personas. No quiero huir. No quiero que me envíen a la puta luna en el siguiente cohete que vaya y me dejen ahí. Sola con mis pensamientos. Sin nada que analizar. Quizás con pódcast infinitos de Black Mango y yogurt con fruta para abastecerme lo que me queda de vida. No quiero, prefiero ser abogada, y trabajar, y trabajar, y trabajar, y darle pecho a un niño, y tener mastitis, y trabajar. Y que mi marido me deje por otra, que en realidad no es otra, sino el simple hecho de estar lejos de mí porque ya se ha cansado. Y trabajar. Y tener un novio que sea lo mejor que he podido encontrar en el mercado de citas a los 45 (tiene pelo) y trabajar. Ese es mi sueño sí, y tener un bolso azul de piel de avestruz que le cause un poco de envidia a mi vecina.
No estoy enamorada, no me quiero arrancar con pinzas todos los pelos de la cabeza. No me arrepiento de mis decisiones, no estoy agobiada. La crisis de los 20 no existe, yo sé perfectamente qué hacer con mi vida y en quién confiar. Ya tengo novio, es más, nos vamos a casar, confío mucho en los hombres. Ya sé que máster hacer. Ya sé a lo que me quiero dedicar. No tengo miedo de vivir debajo de un puente, o de ser mantenida por mi madre eternamente. No tengo miedo de no hacer nada bien, de la mediocridad. Lo tengo todo controlado.
Sí chicos, tengo las riendas de mi propia vida, y no estoy llorando.